La tecnología óptima

En estos últimos treinta años he tenido el privilegio de vivir ya unas cuantas revoluciones digitales. Quedan ya lejos los primeros Macs y PCs que declararon la guerra al papel y la máquina de escribir. La imagen digital (que no la fotografía), el nacimiento de Internet , y los primeros emails forman parte de una historia de la tecnología lejana y muchas veces olvidada.

Aunque parezca sorprendente,  algunas empresas no siempre estuvieron a favor de estos cambios, fueron muchas las que no quisieron o no supieron cambiar, y tarde o temprano desaparecieron. El reto tecnológico se les vino encima como una losa que no pudieron levantar.

Ahora no concebimos un mundo sin tecnología, dedicamos tiempo, recursos y esfuerzos en adaptarnos y evolucionar a la vertiginosa velocidad de los cambios que vivimos a diario. Cualquier empresa actual debe dedicar tiempo a crear una estrategia de desarrollo tecnológico y a implementarla con efectividad, a veces con recursos propios y a veces externalizando pero siempre al elevado ritmo que nos marca la sociedad.

Las cifras de estrés y ansiedad provocadas por el trabajo cada vez son más altas.

En este frenesí de desarrollo tecnológico empiezan a aparecer señales de que algo no va bien. Estar siempre conectados, la respuesta inmediata y la sobrecarga de trabajo parecen ir en detrimento de la efectividad. Creamos sistemas cada vez más eficientes pero lo estamos pagando con equipos más estresados, más cansados y menos motivados.

Sería muy simplista relacionar el desarrollo tecnológico con un deterioro de los equipos humanos porque no sería cierto, pero quizás sí que sea acertado preguntarnos qué nos estamos olvidando que provoca este efecto. Desde la perspectiva que me ofrece la experiencia de 10 años como CTO observo que del mismo modo que realizamos estrategias de desarrollo tecnológico debemos implementar estrategias de desarrollo humano porque van intrínsecamente unidas.

La tecnología es una herramienta pero finalmente las tareas y los proyectos son realizados por nosotros mismos

Somos las personas las que enarbolamos la bandera del éxito o el fracaso, y somos nosotros, las personas, que acertamos o erramos con nuestras decisiones.  Es por ello que cualquier proyecto de desarrollo tecnológico debe acometerse empezando por elaborar con una estrategia humana de desarrollo, acorde con los objetivos a cumplir, porque la tecnología no es un sustituto de las personas que forman los proyectos sino su potenciador.

Las estrategias de desarrollo humano funcionan como impulsoras de la implementación de avances tecnológicos y nos sirven para:

  • Asegurar la alineación entre las personas y los cambios que implica la digitalización.
  • Optimizar el esfuerzo de las personas, consiguiendo un mayor rendimiento y por tanto, efectividad.
  • Mejorar la comprensión acerca de los recursos necesarios.
  • Detectar aquello que nos limita o frena el desarrollo.
  • Mejorar la relación entre la aplicación tecnológica y los resultados, vistos desde las personas que los crean.

Es una oportunidad única incorporar la estrategia humana a cualquier desarrollo tecnológico que se plantee, porque la herramienta ha de servir a los equipos y no al revés. Tener la visión y la capacidad de unir las dos estrategias abre las posibilidades de futuro y de éxito creando una diferenciación real en un mercado cada vez más competitivo. 

Usemos la creatividad, la motivación y la productividad como motores de crecimiento personal y profesional.

Kike Caicedo – Coach y especialista en estrategias humanas.
Cofundador de  HumanLeadership.net

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