El valor de la diferencia

o como ser diferente sin morir en el intento.

A principios del S XIX el matemático alemán Carl Friedrich Gauss introducía en la ciencia de la estadística lo que ahora conocemos como campana de Gauss, un método sencillo y visualmente amable de visualizar la norma y las desviaciones que en ella se producen.  De un solo golpe de vista observamos en el centro de la gráfica la tendencia mayoritaria de un grupo y en sus extremos los elementos más diferenciales.  Fácil y sencillo,de este modo podemos estudiar cualquier tipo de colectivo o agrupación estadística.

Siempre me ha llamado la atención que en el centro se agrupa la mayor parte de los datos, la norma, lo normal, la mayoría…. y a medida que desplazamos la vista a los extremos los datos son cada vez más escasos, más excepcionales y más diferentes del resto. Es en estos extremos donde se producen los cambios, donde la probabilidad se vuelve “loca” y empieza crear información diferencial.

Esta observación se vuelve muy relevante cuando más allá de los fríos datos, vemos que pueden ser representaciones de personas, comportamientos cotidianos de los que todos solemos ser partícipes y protagonistas, y seguramente alguno de los puntos que visualizo podría ser yo mismo. La pregunta es inevitable: ¿donde me gustaría situarme, con el montón o con los que son diferentes ?

Cuando estoy liderando un proyecto la respuesta está clara : Diferenciarme del resto, diferenciarme de la competencia, tener un valor único que los demás no tengan. Ésta es la estrategia del 99% de las empresas actuales y el campo de batalla de las Ventas y el Marketing. Ningún secreto hasta aquí, pero sí un gran misterio: “¿ cómo me diferencio del resto ?”

La respuesta no es sencilla porque la diferencia es siempre subjetiva. Debo establecer en qué quiero ser diferente. Una manzana es muy diferente de un plátano, pero las dos son frutas y son comida. Depende de mi criterio ver la diferencia o no. Establecer el valor diferencial de un producto o una marca no es cuestión de etiquetaje; es cuestión de cultura social, de percepción en el contexto, de comunicación comercial , de coherencia en el proyecto, de talento y esfuerzo,de valores, de propósito….de esencia y percepción humana. Es el trabajo en cuestiones muy humanas lo que nos dará el valor diferencial que estamos buscando.

Nos identificamos con las cuestiones que nos rodean porque nos satisfacen emocionalmente, porque somos afines a lo que ofrecen o representan. No es una cuestión reflexiva, es instintiva e inmediata y está basada en coincidencias personales y valoraciones subjetivas. En cierta manera no puede ser de otro modo, ya que vivimos el mundo a través de nuestros propios sentidos y emociones, y no los de otro. Es la visión humana de la realidad la que crea lazos y genera relaciones productivas.

El valor diferencial se crea desde un propósito brillante y estimulador, que aúne esfuerzos y motive personalmente. Se desarrolla con talento y dedicación, prestando atención al producto y los valores que transmite. Y se obtiene trabajando eficaz y coherentemente con la imagen que encarna el proyecto, el cliente y sus necesidades.

En resumen: No hay respuesta a cómo conseguir un valor diferencial exclusivo, lo que sí existe es una forma de ser propia y diferenciada capaz de distinguirnos de nuestro entorno y perfilar positivamente nuestro futuro.

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